El Nombre (Doc. Benedicto Collado)

Desde los primeros documentos medievales se lo nombra como Picaço o el Picaço y ya, a partir del s. XVIII, cuando se moderniza la ortografía, comienza a llamarse Picazo y el Picazo.

En 1839 en el Boletín Oficial de la Provincia de Cuenca aparece con el nombre de Picazo de Alarcón. A partir de dicho año salvo el año 1844 que se le llama El Picazo, sólo se utiliza el nombre de Picazo.

Los sellos oficiales del Ayuntamiento y Juzgado de Paz lo llaman Picazo hasta principios del siglo XX. A partir de 1910 se le agregó el artículo El en los documentos oficiales.

¿De dónde surge el nombre de El Picazo del Júcar?

Nunca ha sido utilizado en documentos oficiales ni por el Ayuntamiento ni por el Juzgado del Picazo, ni tampoco por la administración oficial de la provincia de Cuenca.

Posiblemente se deba a una costumbre para distinguirlo de otros pueblos con el mismo nombre, principalmente el de la provincia de Guadalajara, o quizás por asociación con el resto de los pueblos de la margen del Júcar que utilizan ese agregado: Olivares del Júcar, Valverde del Júcar, Villalgordo del Júcar, Alcalá del Júcar ...

La primera vez que aparece ese nombre en un documento oficial es en una comunicación recibida del Ayuntamiento de Campo de Criptana sobre quintas en el año 1917.

En los años siguientes aparece en varias comunicaciones de los Ayuntamientos de Pozo Seco (1918), Casasimarro (1919), Madrid (1920 y 1922), Almodóvar del Pinar (1923), Valencia (1924) y Manzanares (1924). Siempre en comunicaciones dirigidas al Ayuntamiento del Picazo, pero jamás en ningún documento que sale del Ayuntamiento.
Tampoco ha sido utilizada esa denominación por el Juzgado de Paz del Picazo, ni en sus libros ni en sus comunicaciones.

Nuestro pueblo siempre ha tenido un nombre: Picazo. El agregado del artículo “El” se debe a una costumbre antigua de poner artículo a los nombres de pueblos y naciones. De hecho seguimos diciendo frecuentemente el Campillo, la Motilla, el Quintanar, las Casas de Benítez, etc. , sin que el artículo sea parte integrante del nombre.

Origen y significado del nombre

Trifón Muñoz Soliva en 1866, en su “Historia de Cuenca” (Tomo I pág. 63) da esta curiosa etimología del nombre PICAZO: “Sale de la palabra egipcio-fenicia PICA, lluvia. Los griegos le añadieron ZOE, vida o ZOOM animal.”

Y así significa el nombre PICAZO, lluvia vital o pueblo abundante en lluvias y animales.”

Esta etimología carece de cualquier tipo de fundamento y no es probable que la primitiva población de esta región haya tenido mucha relación con egipcios ni fenicios.

El nombre de Picazo deriva claramente de la raíz “PIC-“ proveniente del ibérico “PIKE” que significa “cuesta o pendiente”.

El sufijo “–AZO” (igual que –ACHO Y –AYO) deriva del latín “-ACEUS,-ACEA” en sentido aumentativo o peyorativo.

Ambos designan la “cumbre aguda de una montaña”, es decir, la cima de un cerro o montaña.

Con este sentido aparecen diversos lugares a lo largo de toda la geografía española. Así aparece el pico Picacho en Talayuelas (Cuenca) el monte El Picazo y el caserío de El Picazo en Huerta de la Obispalía (Cuenca); Picacho, aldea y faro en Huelva; pico Picacho en Sevilla; pico Picato en Lugo; monte Picayo en Valencia, cerca de Sagunto; pico Picazo en Soria; Picazo, pueblo en Guadalajara. Todos son lugares altos o situados en alturas.

Casi con toda seguridad el nombre de nuestro pueblo Picazo provenga, al igual que los demás reseñados, de esta palabra ibérica con el sentido de lugar alto, cima.

¿Cómo se explica este significado si nuestro pueblo está situado justamente en un valle a orilla del río Júcar?

Esto sólo se explicaría porque nuestro pueblo haya tenido su origen en otro sitio y haya sido trasladado a su actual emplazamiento. Esto avala el que con toda probabilidad pudiera tener su origen en el cerro o pico de Santa Quiteria.

En la antigüedad era fundamental situar las poblaciones en lugares altos y fáciles de defender. Y esta es la situación del cerro de Santa Quiteria, aislado en medio de una vega fértil y con amplitud suficiente para albergar una población que, en su época, no sería muy numerosa.

La primitiva población instalada en el cerro se dedicaría a la caza y algún tipo rudimentario de agricultura y ganadería. A medida que fue adquiriendo importancia la actividad agrícola se fue asentando la población en la llanura, siguiendo el curso de la Rambla, hasta establecerse definitivamente en la vega del río Júcar, junto al río. Esto debió ocurrir ya bien avanzada la colonización romana.


Es difícil, por no decir imposible, situar con cierta exactitud el origen del pueblo y quiénes fueron sus primeros pobladores.

Al tratarse de una población que, hasta bien entrado el s. XVII no ha tenido cierta importancia e independencia los datos que aparecen resultan muy dispersos y fragmentarios. Y casi todos ellos unidos a Alarcón del que fue aldea y lugar hasta bien entrado el siglo XIX.

Por su especial situación, en un fértil valle del río Júcar en plena región de La Mancha, debió tener algún tipo de población desde la más remota antigüedad.

Los primeros restos de población que se conocen en la zona son los de un poblado celtibérico hallados en el cerro de Santa Quiteria ( actualmente en término de Tébar).

Los pueblos asentados en esta región fueron romanizados a lo largo del s. II a.C. y probablemente, la primitiva población asentada en el poblado del cerro , al avanzar la colonización romana y desaparecer la necesidad de protegerse de ataques enemigos, fue abandonando el emplazamiento primitivo en la altura del cerro y fue bajando siguiendo la rivera de la Rambla de Tébar ( que en la antigüedad sería un arroyo con agua la mayor parte del año) hasta afincarse definitivamente en la orilla del río Júcar, a lo largo de la calzada romana, dejando abandonado el poblado de Santa Quiteria.

Es un hecho que, desde los primeros documentos que aparecen, se describen diversas casas de campo habitadas entre Santa Quiteria y el emplazamiento del pueblo actual. (La Veguilla, Calvillos, Casa de Cardos...).

El primitivo poblado de Santa Quiteria debió quedar abandonado a comienzos de la época romana permaneciendo alguna población mínima desperdigada por la rivera del río Júcar.

De dicha época está documentada la existencia de una vía romana secundaria que, partiendo del puente romano de El Picazo en Alarcón, llegaba hasta Chinchilla (donde se unía con la vía que partiendo de Complutum (Alcalá de Henares) llegaba hasta Cartago Nova (Cartagena)), siguiendo los actuales caminos de Alarcón y de La Losa.

La población se fue afincando por esas fechas a lo largo del camino y dando origen al actual pueblo.

Con la llegada de los árabes comienza el desarrollo del núcleo de población y su asentamiento definitivo en la rivera del río Júcar.

Si bien no quedan restos de aquella época, sí que ha perdurado su recuerdo en la cultura y forma de vida de El Picazo.

De esta época proviene la leyenda del peñasco de la Encantada, promontorio existente al norte del término municipal y que, según dicha leyenda, está habitado por una mora encantada que cada año, el día de san Juan, baja a la orilla del río a peinar sus cabellos.

De esa cultura proviene diversas prácticas tradicionales en el pueblo, v.g. la forma de matar los pollos, desangrándolos antes de comerlos, según la costumbre islámica, y diversas técnicas de cultivo y construcción, en especial las presas y molinos en el río.

Una de sus aportaciones principales fue el sistema de riego. Estos introdujeron la azuda, una rueda grande, que se colocaba en el río y que, aprovechando la fuerza de al corriente, elevaba el agua por medio de cangilones y arcaduces y permitía su distribución a través de las balsas y canalizaciones a toda la huerta. Junto con la azuda introdujeron la noria, elemento esencial en la vida de El Picazo durante siglos.

Este sistema de riego ha perdurado exactamente igual hasta el último tercio del siglo XX en donde la instalación de motores y el riego por aspersión ha producido el abandono del sistema tradicional.


El Picazo, aldea de Alarcón

La historia de El Picazo va unida a Alarcón como aldea suya hasta el S. XVII y como lugar dependiente de Alarcón hasta bien entrado el siglo XIX, cuando adquiere la categoría de villa.

Alarcón fue conquistada definitivamente por D. Hernán Martínez de Cevallos en nombre de Alfonso VIII en 1184. .

La villa de Alarcón, una vez que pasó definitivamente a manos cristianas, fue reconstruida y poblada por gran afluencia de nobles.

El rey Alfonso VIII, dada la importancia de Alarcón como punto estratégico de defensa de la frontera sur contra los moros, aumentó sus defensas, la repobló y le otorgó un fuero propio.

El Picazo, dada la cercanía debió de ser una de las primeras aldeas de Alarcón, bien por donación real o por haber sido poblada por vecinos de Alarcón dentro de su término.

En el reparto de moneda de 1420 aparece Picazo como aldea de Alarcón. (Alarcón y sus aldeas Vadenebro, Villanueva, Picaço, Olmedilla, Valfermoso, Pozo Seco, Tébar, Gascas y Villalba)

De nuevo aparece la aldea de Picazo en el reparto de moneda acordado en las Cortes el 15 de octubre de 1433 para la guerra contra los moros.

En el siglo XV, el señorío de Alarcón, y con él El Picazo, pasó a poder de Don Juan Pacheco, marqués de Villena.

Don Juan Pacheco, primer marqués de Villena, era dueño de casi toda la Mancha, parte de Andalucía y Murcia. Sus posesiones se extendían desde Cuenca hasta Almería.

A la muerte de Enrique IV, el marqués de Villena tomó partido por Dª. Juana la Beltraneja comenzando las guerras entre el Marquesado y los Reyes Católicos.

La guerra empezó en 1475 con la sublevación de Alcaraz.

Los reyes invitaron a todas las villas y lugares del marquesado a separarse de la obediencia del marqués y a tomar las armas a favor de la Corona. Las principales villas del marquesado, cansadas del continuo cambio de dueño, se fueron sublevando contra el marqués y tomando partido por los Reyes Católicos.

Los reyes exigían la entrega de las fortalezas, que solían ser derribadas a continuación para evitar nuevas sublevaciones. Razón por la que han desaparecido la mayoría de los castillos de La Mancha.

Cansadas de la guerra ambas partes, se llegó a un acuerdo que puso fin a las luchas, por el que el marqués conservaba las villas que le seguían siendo fieles y perdía el resto a favor de los Reyes Católicos.

Duró poco tiempo el acuerdo y enseguida se desató una segunda guerra. Los reyes enviaron a Jorge Manrique y Pedro Ruiz de Alarcón a luchar contra las villas de Belmonte, Alarcón y Castillo de Garcimuñoz. Se produjeron innumerables escaramuzas por todo el territorio, saqueando y destruyendo numerosos lugares (Cañavate, Villanueva de la Jara, Villarrobledo, El Peral, etc).

Los vecinos de Alarcón resistieron a las tropas reales y no hubo forma de apoderarse de la fortaleza. Jorge Manrique murió en el asalto al Castillo de Garcimuñoz.

Los Reyes Católicos, para acabar con la sangría de dinero y soldados, el 1 de marzo de 1480 reconocieron definitivamente al Marqués de Villena la posesión de Alarcón, su castillo, término y aldeas así como la de otras villas fieles: Castillo de Garcimuñoz, Belmonte, Escalona, etc.

El señorío de Alarcón quedó reducido a: Alarcón, Olmedilla de Alarcón, Gascas, Honrubia, Torrubia del Castillo, La Almarcha, Hinojosa, Zafra, Castillo de Garcimuñoz, Pinarejo, Atalaya, Tébar, El Picazo, Rubielos Altos, Valhermoso y Valverdejo.

Acabadas las guerras, Alarcón y sus aldeas vivieron su mayor periodo de esplendor monumental, con la construcción y embellecimiento de iglesias y casas durante el gobierno del Marqués de Villena Don Diego López Pacheco, que falleció el 6 de noviembre de 1529.

Enseguida entra Alarcón en un periodo de decadencia, consecuencia de varias causas: el final de las guerras interiores y el valor relativo de las fortalezas y castillos; el cambio de la nobleza que va dejando sus castillos y se hace cortesana; los hidalgos que emigran al Nuevo Mundo o se establecen en las aldeas para atender sus propiedades y alejarse de la presión del señor. Es el periodo de crecimiento y desarrollo de las aldeas que enseguida superan a Alarcón en población.

Hasta el siglo XVI el El Picazo, se componía de unas pocas casas de huertas, dos molinos harineros en el río, un mesón en la plaza, algunas casas alrededor de la iglesia y poco más. Formaba parte de los términos de la villa de Alarcón y dependía, como ella, del marqués de Villena y duque de Escalona, que nombraba a los alcaldes y demás autoridades.

A mediados del siglo XVI y durante todo el XVII se va trasladando a El Picazo una buena parte de los hidalgos de Alarcón, en donde construyen sus casas señoriales. Así aparecen los Montoya, Granero, Carrillo, Alfaro, Peralta, Portillo, Villanueva, Ruiz Monsalve, Morales, Cardos, Peñaranda, Mondéjar, etc.

A comienzos del siglo XVIII ya supera en población a Alarcón. En el catastro del Marqués de la Ensenada (1750) El Picazo tiene una población de 281 vecinos, 1080 habitantes.


SIGNIFICADO DEL NOMBRE DE EL PICAZO

(Según datos recopilados del año 1878 por el historiador José Torres Mena)

PICAZO (EL). Villa del partido judicial de Motilla del Palancar, con los caseríos de huertas de las Vegas de abajo y de arriba, cuyos edificios no forman grupo; hallándose además diseminadas por el término casas en las huertas, una casa-batán y un chozo de labradores. Próximo a la población, a 4 km. está la ermita de San Benito construida en el siglo XVI, y reconstruida nuevamente por los habitantes de la aldea de San Benito en el 1964. Próximos a la población hay también doce cuevas para guardar vino, distribuidas en dos grupos. Los habitantes de entonces eran 1474 en totalidad.

Sobre la etimología del nombre PICAZO, dice Muñoz Soliva en la página 163 del tomo primero de su historia: Sale de la palabra egipcio-fenicia PIKAH, lluvia. Los griegos, viendo que las lluvias eran benéficas, le añadieron ZOE, vida; o ZOOM, animal, al observar que éstos abundaban en el término; de ahí, el nombre PICAZO, que significa lluvia vital, o pueblo abundante en lluvias y animales.

Otra versión del significado de El Picazo (Doc. Elena Sánchez)

El nombre de "El Picazo", puede que venga del significado de la misma palabra "Picazo": un corte seco hecho con un pico o herramienta similar, que deja una señal en la superficie en forma de "uve".

Si te paras a pensarlo, puede tener su lógica debido a que el pueblo se encuentra metido en la tierra, en una zona erosionada por el río Júcar y arriba quedan Sisante y Rubielos.

Por eso puede que se llame "El Picazo del Júcar", porque el mismo río fue el que dejó al pueblo en la "uve".